Antes de ser software, DouxProcess fue décadas en seguros. Manejando agencias. Firmando la nómina. Viendo a gente buena capturar la misma solicitud en el mismo portal de la aseguradora.
La nómina subió. Los errores se colaron. Contratar más manos no arregló ninguna de las dos. Así que nuestro fundador aprendió a construir la solución él mismo. Aquí está cada paso desde entonces: los días buenos y los que preferiríamos olvidar.
Hoy todo el mundo anda con la IA.
Tu aseguradora. Tu proveedor. Tu sobrino. El señor del desayuno de networking con su presentación y un sueño.
Pídele a la verdadera agencia con IA que se ponga de pie, y se para medio salón. Está bien. La verdad, qué bueno.
Cualquier dueño de agencia que entienda un poquito ya puede construir su propio sistema.
Es simplemente mi manera de hacerlo.
DOUX
Y es para los agentes que sienten que se están quedando atrás porque no nacieron con la comezón de la tecnología. No necesitas la comezón. Necesitas un proceso que ya funciona.
Robert Badoux, fundador
Antes de que todo esto tuviera nombre.
La nómina subía cada año. Casi todo para pagarle a gente por volver a capturar la misma solicitud, el mismo certificado, el mismo seguimiento. Cada recaptura: otra oportunidad de escribir mal el nombre de una LLC en una póliza.
En vez de contratar al sexto representante, nuestro fundador aprendió ingeniería de software. El primer script capturaba una solicitud una vez y la llenaba en todos lados. Más barato que un representante. Nunca se reporta enfermo.
Luego el software dejó de solo ayudar con el trabajo y empezó a hacerlo, dentro de los mismos programas que ya usábamos.
Lo curioso de los atajos… solo sales a buscar uno cuando ya estás bien harto de irte por el camino largo.
Julio de 2026, cuando empezamos a construir el cerebro.
Cada correo se clasificaba contra un reglamento que escribimos a mano. Nada le llegaba a un cliente o a una aseguradora hasta que una persona decía que sí. Regla del primer día. Sigue siendo la regla.
Construimos un puente para que el sistema actualizara archivos solito.
Qué salió malLa pantalla dijo que falló. No había fallado. Igual lo corrimos 24 veces.
No le creas a la pantalla. Ve a revisar el registro tú mismo.
Cada decisión, procedimiento y lección en un solo lugar, leído antes de cada acción. La primera página dice, más o menos: termina lo que empiezas y no le regreses el trabajo a nadie.
Un proceso nocturno copiaba una lista. Nadie lo vigilaba, porque ¿para qué?
Qué salió malVolvía a agregar los mismos registros cada noche. La lista terminó siendo casi puras copias de sí misma.
Arreglar el código es solo la mitad. Luego reinicias lo que lo ejecuta y te sientas a verlo correr.
Cada error se volvió un procedimiento por escrito que el sistema revisa antes de decidir. Ya van 39. Ninguno salió barato.
Los días que todo funciona no aprendes mucho. Son los días en que algo truena los que te enseñan, y si eres listo, lo dejas por escrito.
Finales de julio, nuestro primer producto de verdad.
Hicimos un sitio de cotización de autoservicio, y el fundador lo probó en frío, como un cliente.
Qué salió malTodos los portales de aseguradoras nos habían cerrado sesión en la noche. El sistema cotizó $0, muy seguro de sí mismo. Gran precio. No era real.
Antes de que arranque el día, revisa que todas las puertas todavía abran.
Salió bien. De verdad.
Qué salió malPara la demo apagamos las automatizaciones, incluido el reporte matutino de pendientes del día. A la mañana siguiente: no hubo reporte. Nadie se dio cuenta.
Cuando apagues algo, anota qué hacía por ti, y luego ve y haz esa parte a mano.
Agosto: la primera vez que empezamos de cero.
Una app web de verdad, con login y todo. Nuestra segunda agencia se inscribió como cliente número uno. (Conocemos a alguien.)
Antes de tocar algo real, soltamos a cuatro agentes de ataque. Encontraron 29 formas de entrar. Cerramos las 29.
Pasar tu propia prueba no significa que estés a salvo. Deja que alguien más le dé con todo.
Solo una página de inicio, pero ya habíamos clavado la bandera.
Esta vez nadie le picó a “Enviar”.
Qué salió malAlgo se movió sin que nadie se lo pidiera. El script detrás se había abierto, nunca ejecutado.
Nada debe moverse a menos que alguien se lo pida.
Empacamos todo en una tarde y escribimos en la tapa: por favor no regreses aquí.
Empezar de cero no es lo mismo que rendirse. A veces es simplemente lo más honesto.
A veces tienes que tumbar todo lo que hiciste para darte cuenta de que desde siempre supiste cómo construirlo.
De agosto a septiembre, la segunda y la tercera reescritura.
Una pantalla que se queda vacía hasta que de verdad se necesita a una persona. Resulta que lo aburrido es dificilísimo de construir.
Un panel de control para el equipo de servicio. Luego lo medimos con honestidad. Qué humildad.
Qué salió malEl gran botón de Ejecutar no ejecutaba nada. Cuatro intentos. Cero casos.
Un botón no es una función hasta que lo ves hacer el trabajo.
El día que el sistema empezó a cotizar en vivo para la agencia. Aquí arranca nuestro contador.
Qué salió malApenas podía llegar a sus propias herramientas. Como contratar a alguien y esconderle el teclado.
Mete las herramientas dentro del motor, no a un lado.
Lo caro no es el software. Es el pensar. Cada prueba, cada reescritura, cada 'una vez más' corre el taxímetro.
Qué salió malUn ajuste equivocado nos pasó de un plan fijo a pago por uso. Factura real, todos los días, cero clientes.
Antes de lanzar cada corrida, ten claro cuánto cuesta. Construir esto es una partida real del presupuesto, no un proyecto de fin de semana.
La Consola y el Escritorio se apagaron el mismo día. Todo lo que nos enseñaron se vino con nosotros.
De septiembre a hoy, la reescritura número cuatro.
Un proceso nocturno mantenía dos sistemas sincronizados y cada mañana reportaba: todo bien.
Qué salió malAlguien había cambiado una contraseña. Por días dijo todo bien y no hizo absolutamente nada.
Una luz verde no es prueba. Ve a confirmar que el trabajo de verdad avanzó.
Todo se mudó de una sola computadora a sus propios servidores. Ya nadie cuida una laptop toda la noche.
Un caso real, del primer correo al último paso. Luego empacamos el sistema viejo.
Qué salió malDejó 391 revisiones de lanzamiento que nadie palomeó nunca.
Que algo esté listo se comprueba, no se siente.
El sistema no tiene permiso de adivinar. Cuando no está seguro, hace una pregunta sencilla. Así que contratamos a una persona con licencia cuyo trabajo es contestarlas.
Clasificó el correo de la agencia por su cuenta. Lo que no tenía claro se quedó frente a una persona.
Las preguntas sin respuesta y las respuestas que se veían mal se apilaban. Ahora van directo al dueño, y el expediente de ese cliente queda bloqueado hasta que se resuelve.
Nuestra segunda agencia se pasó a los mismos escritorios, la misma línea, el mismo equipo. Un equipo, dos agencias, cero cambio de pestañas. Ahí DouxProcess dejó de ser una herramienta y se volvió nuestra forma de trabajar.
Lo rompimos, lo anotamos y lo volvimos a armar. Resulta que eso es casi todo el trabajo.
En el camino reconstruimos casi todo, pero nunca sacamos a la persona del proceso. Antes de que algo salga de la agencia, alguien que conoce al cliente le echa un ojo. Y creemos que así debe ser.
En vivo, desde la agencia donde nació. Con DouxProcess desde el 24 de agosto de 2026.
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